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Con aroma de campo

A 180 kilómetros de Buenos Aires, Las Flores ofrece un circuito para elegir entre actividades al aire libre, historia, museos y variada gastronomía con sello de campo. La región también invita a descubrir el pueblo de Villa Pardo, donde se homenajea a Adolfo Bioy Casares.

Las bicis avanzan fácil sobre el camino de tierra. Es una mañana soleada y fresca y uno tiene la sensación de que todo es dicha en este paisaje de campo, cielo celestísimo y silencio. Estamos yendo a Rosas, un pequeño pueblo ubicado a 18 kilómetros de Las Flores, una localidad que ofrece un circuito turístico con componentes rurales, gastronómicos y artísticos para todo el que tenga ganas de vivir un fin de semana diferente.

En Rosas nos espera Ivana, cuya biografía podría resumirse así: se fue a Buenos Aires para estudiar cocina y lo hizo con tantas ganas que se ganó una beca en Italia y después de andar bien lejos volvió a sus pagos. En su casa armó su restaurante, llamado A casa mia, donde ahora nos aguardan empanadas y pastas a “medio hacer”. Y decimos a medio hacer porque parte de la propuesta es que el turista que tenga ganas de meter las manos en la masa lo haga y sea responsable de su propio almuerzo. “La gente se entusiasma y es una experiencia muy entretenida, sobre todo para quien se pone a amasar por primera vez”, dice Ivana, mientras nos cuenta que después de comer el visitante puede recorrer el campo, andar a caballo o sumarse a una de las guitarreadas que se arman con facilidad, dado que su papá es músico y siempre está muy gustoso de sumarse a los recorridos. El paseo por Rosas se complementa con la visita a la capilla Nuestra Señora de Luján, inaugurada en 1931, un típico almacén de campo donde se puede comer unos pastelitos y quedarse tomando algo; y el predio de la vieja estación convertido hoy en delegación municipal.

«Lo último que visitamos en Pardo es Yamay, que en lengua mapuche significa “estar bien”. De eso se trata esta propuesta de permacultura: una construcción basada en la armonía con la naturaleza y realizada con barro, madera de la zona, cañas y vidrio. Es el lugar ideal para aprender acerca de la construcción en barro, techos verdes y cómo aprovechar la luz, el viento y todo lo que da la naturaleza para vivir mejor de forma cotidiana. En Yamay se realizan acampes, talleres sobre ecología y turismo astronómico: el aislamiento y la no contaminación lumínica hacen que sea perfecto para observar el cielo nocturno.»

La nota completa en: https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-3108-2015-06-21.html

Foto: Juan Manuel Damperat

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